Si el 79% rinde más desde casa, ¿para qué juntar al equipo?
El tiempo presencial dejó de ser el lugar donde se produce. Los datos argentinos explican para qué sirve ahora —y por qué la mayoría de las empresas lo sigue usando mal.
Hay una incomodidad que atraviesa las áreas de RRHH argentinas y casi nadie dice en voz alta: los datos no acompañan el discurso del regreso a la oficina.
Un estudio del IAE Business School realizado este año lo midió con claridad: el 79% de los trabajadores dice concentrarse mejor y ser más efectivo en modelos remotos, y el 76% afirma que su productividad general mejora y que puede afrontar las demandas laborales de manera más efectiva. Todo esto mientras en el mundo se discute el regreso a la presencialidad total.
La conclusión apresurada sería que juntarse ya no tiene sentido. La conclusión correcta es otra: juntarse dejó de servir para lo que servía antes.
Lo que la oficina ya no tiene que resolver
Durante décadas, la presencia física resolvía un problema logístico: era donde estaban los papeles, los sistemas y las personas que había que consultar. Ese problema está resuelto. Un colaborador puede hoy ejecutar, entregar y reportar sin moverse de su casa —y según los datos, hacerlo mejor.
Pero hay una parte del trabajo que no se digitalizó, y ahí aparece el verdadero desafío. Los análisis del mercado laboral argentino para 2026 lo plantean sin vueltas: el desafío será sostener la conexión humana: colaborar, formar equipos fuertes, construir confianza y evitar el aislamiento digital.
Confianza, pertenencia y criterio compartido no se transmiten por videollamada. No porque falte tecnología, sino porque se construyen en el tiempo no estructurado: la conversación al costado de la reunión, la sobremesa, el rato en que alguien cuenta algo que no estaba en la agenda.
El error: usar el tiempo presencial para lo que ya funciona a distancia
Acá está el desperdicio más caro y más común. Se convoca al equipo a la oficina —o a una jornada fuera de ella— y se llena el día de presentaciones, reportes de avance y reuniones de estado. Es decir: exactamente lo que el remoto hace mejor.
Deloitte le puso nombre al problema de fondo. En su última edición de Tendencias Globales de Capital Humano advirtió que uno de los grandes desafíos de las empresas es gestionar el "trabajo innecesario": el exceso de notificaciones, reportes y reuniones vinculado a la digitalización de los roles. Trasladar ese exceso a una jornada presencial no lo mejora: lo empeora, porque encima consume el recurso más escaso, que es el tiempo de todos juntos en el mismo lugar.
Si el equipo se junta una vez al mes, ese día no puede gastarse en algo que un documento compartido resuelve mejor.
Para qué sí conviene juntar al equipo
Seis usos que justifican el tiempo presencial, porque no tienen equivalente remoto:
- Alinear criterio, no informar avances. La diferencia es concreta: informar es transmitir datos —eso viaja bien por escrito—; alinear criterio es discutir cómo se decide cuando el manual no alcanza. Eso necesita cara a cara.
- Reparar relaciones entre áreas. Las fricciones entre equipos rara vez se resuelven en una llamada agendada. Se resuelven cuando dos personas que se venían evitando terminan almorzando en la misma mesa.
- Integrar a quienes llegaron después. En equipos con rotación e ingresos permanentes, hay gente que nunca conoció en persona a la mitad de sus compañeros. La pertenencia no se induce por Slack.
- Darle materia prima real al trabajo del coach. Muchas organizaciones tienen coaches, facilitadores o consultores trabajando con sus equipos, casi siempre a través de una pantalla. Una jornada presencial les cambia el insumo: pueden ver al equipo trabajando y socializando, cómo se distribuyen los roles cuando nadie los asigna, quién habla y quién se corre. Ese material —imposible de captar en videollamada— es el que después ordena meses de trabajo.
- Cambiar de entorno sin cambiar de oficina. Hay una diferencia enorme entre convocar al equipo a la sede y convocarlo a otro lugar. En el primer caso, el colaborador siente que dejó su escritorio de casa para ir a otro escritorio; en el segundo, la predisposición cambia desde antes de llegar. Una jornada puede ser intensa y distendida a la vez —trabajar en serio sin la coreografía de la oficina— y eso se logra con el lugar, no con la agenda.
- Crear el contexto para lo no planificado. Las mejores conversaciones de un encuentro nunca están en la agenda. La única forma de provocarlas es dejarles lugar.
Conexión humana y conexión con lo otro
Hay un factor que las empresas suelen tratar como decorativo y que tiene evidencia detrás. Los análisis del mercado laboral local ubican al bienestar entre las prioridades del año, y son explícitos: las empresas que inviertan en bienestar laboral integral —actividad física, apoyo psicológico, espacios de pausa, acompañamiento nutricional y políticas de descanso— mostrarán mejores indicadores de retención y rendimiento; en 2026, proteger la salud emocional será tan estratégico como innovar o aumentar ventas.
La naturaleza no es el telón de fondo de la jornada: es parte del mecanismo. Un equipo que pasa el día al aire libre baja el ritmo, se escucha distinto y conversa cosas que en una sala no conversaría. La conexión humana y la conexión con el entorno funcionan juntas, y una es más fácil cuando existe la otra.
Un cambio de pregunta
La discusión sobre cuántos días de oficina son los correctos probablemente sea la pregunta equivocada, porque mide presencia en lugar de propósito. El mismo análisis del mercado local señala el camino: las organizaciones avanzan hacia esquemas híbridos, horarios adaptativos y modalidades orientadas a resultados, no a presencia, y una de las acciones recomendadas es rediseñar la oficina como espacio social.
Si el trabajo individual rinde más a distancia, el tiempo presencial debería concentrarse en lo colectivo. Y ahí aparece una posibilidad que pocas empresas exploraron: en lugar de una gran jornada anual, un día por mes fuera de la oficina. Un ritmo que permite corregir el rumbo en tiempo real, sostener los vínculos antes de que se enfríen, y convertir ese encuentro en parte de la cultura y no en un evento excepcional.
La pregunta ya no es cuántos días viene el equipo a la oficina. Es qué días trabaja junto —y qué pasa esos días que no puede pasar en ningún otro lado.
IAE Business School. · Deloitte, Tendencias Globales de Capital Humano. · Grupo Gestión, tendencias de RRHH para 2026. · Wellhub, análisis del mercado laboral argentino 2026.
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