Parque Leloir
El barrio que se plantó a sí mismo
Un bosque que alguien decidió
Hay barrios que crecen alrededor de una estación o una avenida. Parque Leloir creció alrededor de una decisión: plantar árboles. A fines del siglo XIX, Alejandro Leloir empezó a comprar tierras en lo que entonces era el cuartel cuarto del partido de Morón. Su hijo menor, Antonio César Leloir, sumó chacras linderas hasta armar un campo de más de 330 hectáreas y, dentro de esa propiedad, hizo diseñar un parque de unas 70 hectáreas con laguna e islote: una obra atribuida al paisajista francés Carlos Thays, el mismo que diseñó los parques Tres de Febrero, Lezama y Los Andes en Buenos Aires.
Sobre esas tierras funcionó el Haras Thays, dedicado a la cría de caballos de carrera, y el apellido del paisajista quedó pegado al barrio para siempre: hoy el polo gastronómico de la avenida Martín Fierro lleva ese mismo nombre. En el primer cuarto del siglo XX se plantó lo que define al lugar hasta hoy: una forestación de base de más de 400.000 árboles. Esa cifra explica todo lo que vino después.
Hoy ese bosque cubre unas 640 hectáreas y le da al barrio un microclima propio: más sombra, menos ruido y varios grados menos que el asfalto de alrededor.
De veraneo a barrio
Antonio César Leloir murió en 1939 y el haras se subastó en 1942. Cuando el campo se subdividió, entre 1940 y 1948, los remates dieron origen a Villa Udaondo —reconocida como localidad en 1940 y bautizada en homenaje al gobernador Guillermo Udaondo— y al núcleo de lo que hoy llamamos Parque Leloir. Las primeras casas fueron quintas de veraneo: las familias llegaban en diciembre y se quedaban hasta marzo. El trazado se hizo con criterio de parque europeo, con calles curvas y especies características en cada una, y a la forestación original se le sumó una segunda masa arbórea parcela por parcela.
Hay un dato que explica buena parte de la fisonomía actual: los primeros lotes se ofrecían en superficies de entre 3.800 y 12.000 metros cuadrados. Esa escala —enorme para el conurbano— es la razón por la que el barrio pudo sostener su arboleda mientras todo alrededor se subdividía. En Parque Leloir la casa se esconde detrás del árbol, y no al revés.
En los años cincuenta el barrio fue declarado ciudad jardín, con una ordenanza especial para proteger la arboleda y conservar su fisonomía. Las caballerizas le dieron un carácter propio y atrajeron visitantes que venían a cabalgar. De ahí viene la nomenclatura que todavía sorprende al que llega por primera vez: De la Tradición, De los Reseros, Del Facón, De la Media Caña, Martín Fierro.
Un aeródromo entre las quintas
Entre las historias menos conocidas del barrio hay una que hoy resulta difícil de imaginar: desde fines de los años cuarenta y hasta comienzos de los sesenta funcionó en la zona un aeródromo dedicado a tareas agropecuarias, con aviones afectados a las campañas contra la plaga de langosta, en terrenos que más tarde quedarían asociados al INTA Castelar. Por los mismos caminos donde hoy se toma café los domingos despegaban avionetas fumigadoras.
El barrio donde se viene a crear
En 1980 un técnico de sonido llamado Gustavo Gauvry montó un estudio de grabación en su casa de Parque Leloir. Lo llamó Del Cielito, por la calle que llevaba al lugar. Su idea era simple y a contramano de la época: un estudio no tenía por qué ser una cueva en el centro de la ciudad; podía ser un lugar con luz, con aire libre, con parque y asados, donde grabar en clima de distensión. Por ahí pasaron Spinetta, Charly García, David Lebón, León Gieco, Mercedes Sosa, Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, Los Ratones Paranoicos, Los Piojos, Divididos, Los Fabulosos Cadillacs. El estudio funcionó veinticinco años bajo su dirección y hoy sigue en actividad.
Gauvry no fue solo un vecino con un estudio. Según documenta el blog Historia de Parque Leloir, fue socio de Parque Leloir Asociación Civil y participó en las luchas de 1991 contra un proyecto de subdivisión que habría fraccionado el barrio en parcelas de 200 m² —siete veces menos que el mínimo de 1.500 m² necesario para que los árboles añosos sobrevivan. La misma gente que vino a Leloir a crear terminó defendiendo el lugar que la había atraído. Que hoy el barrio siga siendo lo que es no fue inercia: fue decisión.
El estudio dejó una marca que excede lo musical: varios de los artistas que pasaron por Del Cielito terminaron eligiendo el barrio para vivir. El caso más conocido es el de Carlos “Indio” Solari, que grabó allí con Patricio Rey y los Redonditos de Ricota y encontró en Parque Leloir el retiro discreto que buscaba. La zona sumó con los años una vecindad de figuras de la cultura y el espectáculo argentino —entre ellas Moria Casán, que definió al barrio como el Cariló del oeste— atraídas por la misma combinación: verde, silencio y treinta y cinco minutos de distancia real con la ciudad.
Cuarenta años después, la intuición de Gauvry se volvió tendencia. La arboleda añosa, la cercanía real a la ciudad —apenas 35 minutos por la Autopista del Oeste— y los servicios que fue desarrollando la zona convirtieron a Parque Leloir en una locación buscada para rodajes publicitarios, producciones de moda, campañas gráficas y contenido de marca. Lo que antes traía músicos hoy trae equipos de producción: la misma búsqueda de un lugar donde crear sin la fricción de la ciudad.
Escenario y refugio
Mucho antes de que existiera la palabra locación, Parque Leloir ya recibía producciones. En los años cincuenta y sesenta, el empresario cinematográfico Clemente Lococo tenía en el barrio una quinta de catorce hectáreas con lago, adonde llegaban figuras internacionales del cine de la época. Décadas más tarde, Federico Luppi y Miguel Ángel Solá filmaron secuencias de “Bajo Bandera”, dirigida por Juan José Jusid, en la quinta El Estoril. La lista de artistas que pasaron por el barrio —para grabar, filmar o simplemente escaparse— es larga y sigue creciendo.
El presente y lo que viene
Hoy Parque Leloir ya no es solo un lugar de fin de semana. Es un barrio donde se vive todo el año, con una oferta gastronómica y comercial que creció fuerte en la última década, y que sigue sosteniendo lo que lo hizo distinto: la sombra, el silencio relativo, las calles curvas, los árboles que llevan cien años parados en el mismo lugar. En un conurbano que se densifica, esa combinación se volvió escasa —y por eso cada vez más buscada.
El cambio más visible de la última década está sobre la avenida Martín Fierro. Ahí se levantó Thays Parque Leloir, un complejo de usos mixtos emplazado en dos hectáreas y media de bosque autóctono, con más de doscientos árboles de distintas especies conservados dentro del predio. El proyecto integra oficinas, viviendas y un polo gastronómico con marcas de primer nivel —Kansas, Le Pain Quotidien, Fabric Sushi, Lucciano's, Negroni y la cervecería Patagonia, entre otras— distribuidas en edificaciones independientes con decks al aire libre y pasarelas peatonales entre la vegetación. El diseño no le peleó al bosque: se acomodó adentro.
El complejo incluye además un hotel de la cadena Hilton con centro de convenciones y spa, cuya apertura viene desarrollándose por etapas. La llegada de hotelería internacional confirma algo que el barrio venía insinuando hace años: Parque Leloir dejó de ser solo un lugar donde se vive, para convertirse también en un lugar adonde se viene —a comer, a trabajar, a alojarse, a producir.
Sendero Leloir está acá, en el barrio: 3.850 m² de ese mismo parque, con especies añosas, dos estanques y una huerta. Somos parte de una tradición de cuarenta años de gente que viene a Leloir a crear, a celebrar y a respirar distinto.
Momentos
Federico R. Leloir compra la parcela que dará origen al parque.
Antonio César Leloir termina de conformar un campo de más de 330 hectáreas.
Se subasta el Haras Thays. Empieza el loteo que dará forma al barrio.
Últimos remates. Los lotes se venden de 3.800 a 12.000 m².
León Gieco graba en Del Cielito el primer disco en vivo de una banda argentina.
Más de 300 artistas pasan por el estudio: Charly García, Fabiana Cantilo, Andrés Calamaro, Los Fabulosos Cadillacs, Bersuit Vergarabat, Babasónicos, entre muchos otros.
Los vecinos frenan el proyecto de subdivisión en parcelas de 200 m².
Abre el polo gastronómico de Thays Parque Leloir.
El barrio vuelve a ser destino de producciones de publicidad, moda y contenido de marca.
Parque Leloir hoy
Historia de Parque Leloir (historiaparqueleloir.blogspot.com), contribución documental del barrio. · Candelaria Kristof, “El Cabildo del Rock. Un recorrido por la historia del legendario estudio de grabación Del Cielito”, Tomo Publishing, 2007. · Parque Leloir Asociación Civil (PLAC). · Municipalidad de Ituzaingó. · La Nación, El Cronista, Clarín y Primer Plano Online (coberturas sobre Parque Leloir y el desarrollo de Thays). · Canal 26, “Parque Leloir, el barrio del Indio Solari: historias desconocidas de la ciudad jardín donde vivió sus últimos años”, por Yasmin Ali (2026). · Roomix, guía de barrios de Argentina.
Un pedazo de ese bosque, abierto
Cien años de árboles no se plantan dos veces. Un pedacito de esa historia es Sendero: un parque privado donde celebrar, trabajar o pasar el día bajo las mismas copas que hicieron famoso al barrio.


